Basauri

Jon Aingeru: “Basauri es un pueblo ideal para procesos de adaptación de menores”

Jon Aingeru, educador del hogar funcional de Basauri // Cedida

No todos los niños y las niñas tienen una infancia fácil. Once niños y niñas viven hoy en un hogar funcional de Basauri, ubicado en el barrio de Basozelai, concretamente en el primer piso de un bloque de viviendas donde están acompañados, día y noche, por sus educadores. Uno de ellos es Jon Aingeru Bikarregi (Ugao-Miraballes, 1974), educador desde hace varios años en este centro.

Pero, concretamente, ¿qué es un hogar funcional? Es un hogar de menores, perteneciente al Instituto Foral de Asistencia Social (IFAS) y dependiente de la Diputación Foral de Bizkaia que atiende a una media de diez niños y niñas que están en una situación de desprotección. Niños que van desde los 2 años hasta los 18. Nuestro trabajo se centra en garantizar la protección de los menores y que tengan cubiertas todas sus necesidades. Desde la escuela hasta el acceso a sanidad, ocio, cultura… Nuestro trabajo es básicamente de acompañamiento.

¿Y cuáles son las diversas circunstancias que traen a los jóvenes a centros como este? Casi todos los niños llegan porque están en una situación de desprotección. En la mayoría de los casos no tiene familia o ésta no puede hacerse cargo de ellos por diversas circunstancias. En ese periodo en el que sus familias de origen no puedan hacerse cargo de ellos están con nosotros. Algunos de los niños están en proceso de adopción, otros en proceso de acogimiento familiar, ya sea por familia extensa o por familia externa, y otros niños se quedarán con nosotros hasta la mayoría de edad.

Ahora mismo tenemos dos niños y nueve niñas, y por edades estamos casi a medias, seis menores de diez años y cinco adolescentes. Ahora superamos el aforo en uno, ya que el último ingreso fue de dos hermanas. La verdad es que casi siempre estamos llenos. El más pequeño que tuvimos fue de dos años. La idea es que estén con familias y, si no pueden estar con la suya, que estén con otras, y los niños tan pequeños normalmente vienen acompañados de algún hermano mayor con el fin de no separarles.

¿Y una vez concluya ese periodo o cumplan la mayoría de edad? Lo más común es que vuelvan a algún tipo de familia, los que al menos tienen algo. Pero no siempre ocurre. Nosotros queremos que todos los niños estén con su familia directa; si no puede ser, que sea con su familia extensa; si tampoco se da el caso, que sean acogidos por una familia ajena; y como último recursos, estamos nosotros y nos convertimos en su hogar.

Vosotros sois el último recurso, pero a la hora de buscar una adopción o una familia de acogida, ¿suele ser más difícil cuanto mayor es el niño? Desde Diputación buscamos siempre un acogimiento o una adopción, pero es cierto que suele ser más difícil y hay mayor reticencia al acogimiento o a la adopción cuanto mayor es el niño, supongo que debido al miedo de que el daño del niño sea mayor cuanto mayor sea éste. Pero no solo existen dudas por parte de la familia, el menor también es más reticente a que se le envíe con una familia de acogida. Incluso en ocasiones los niños deben volver porque la familia de acogida decide interrumpir el proceso, normalmente derivados por problemas de conflictividad, momentos de desadaptación, problemas generados en la propia familia…

¿Cuánto tiempo llevas trabajando en este centro? Llevo trabajando en infancia desde 2001, casi siempre trabajando con menores extranjeros no acompañados. Empecé trabajando en un centro con este tipo de menores en Orduña, luego estuve en un hogar funcional en San Adrián, más tarde vine a este hogar unos meses y estuve en los hogares semi-autónomos para menores no acompañados, uno de ellos está ubicado en la calle Ibargutxi de Basauri. Y hace tres o cuatro años volví aquí. La mayor diferencia entre los centros es el tipo de población a la que atendemos. En los otros era población extranjera, mayoritariamente marroquí pero también de otras localidades. Y aquí la mayor parte es población autóctona con familias con las que también trabajamos.

¿Y cuál ha sido la experiencia más complicada o el mayor reto? Yo creo que el mayor reto es el que tenemos aquí en Basauri, donde estoy ahora mismo. Los chavales tienen un tipo de problemática más complicada y más difícil a la hora de trabajar con ellos. Están más dañados, porque venir aquí no es fácil, perder a tu familia tampoco… eso te daña. Con los menores extranjeros no ocurre igual. La mayoría de las veces el venir aquí es una decisión personal del chaval, pero sigue teniendo su familia allí y sigue mantiene su apoyo. Aunque estén lejos el daño psicológico no es el mismo.

Grupo de menores del hogar funcional de Basauri en Gorbea // Cedida

¿Cuántos centros similares a éste existen? La mayoría de los centros de protección que hay en Bizkaia son dependientes de la Diputación Foral de Bizkaia pero de gestión pública solo hay diez, y el de Basauri es uno de ellos. Los demás están en Mungia, Santurtzi, Portugalete y en varios barrios de Bilbao. Además, existen centros de gestión privados creados por parte de asociaciones que cuentan con convenios con la Diputación, muchos de ellos destinados a resolver diferentes problemáticas con diferentes recursos e intervenciones.

¿Y cómo así Jon Aingeru elige esta profesión? Venía del tiempo libre, del voluntariado, de ser monitor de campamentos… fue una derivación natural. Eso sí, empecé sin tener ni idea de nada y dándome de tortas con todo, por no saber dónde me metía. Y poco a poco he ido aprendiendo. Empecé muy joven y muy inexperto en el centro de Orduña. Fueron unos comienzos muy duros. Lo recuerdo con mucha ilusión, pero con poco acierto. Además, éramos todos un equipo muy joven. Creo que habría aprendido más empezando en este centro, sobre todo con compañeros con más experiencia y con un equipo que te pueda arropar y acompañar en la toma de decisiones.

¿Hasta qué punto crees que el trabajo como educador es clave a la hora de lograr la reinserción de estos jóvenes y de conseguir que vuelvan a sentirse seguros? El educador es una persona más, como su profesor, su monitor o su médico, que lo que pretende es acompañar al niño o a la niña en su proceso de maduración y aprendizaje continuo. Es una persona estable que le ofrece las herramientas necesarias para poder afrontar su situación y adaptarlas a sus necesidades, como cuando acogemos a niños con alguna discapacidad específica. No es lo normal que acojamos a estos niños porque existen centros especializados en este perfil, pero se ha dado el caso, porque la desprotección no está reñida con otro tipo de problemas.

Hay menores que en estos centros normalizan su vida y encuentran estabilidad… Lo normal es que los chavales se adapten, pero es cierto que no somos capaces de ayudar a todos los niños. Hay veces que tenemos que derivarlos a recursos especializados. Hay veces que se acierta y otras veces no. El equipo valora el caso, las circunstancias concretas y la coordinadora o coordinador del caso toma la decisión final de cuál es el recurso residencial más apropiado. Así funciona.

¿Ves a Basauri como un buen lugar donde acoger a estos chavales y educarlos? Basauri es un pueblo suficientemente grande como para tener recursos numerosos y positivos, y lo suficientemente pequeño para que se sientan protegidos. Yo creo que Basauri proporciona recursos, sobre todo de ocio, muy beneficiosos para los menores y un entorno muy adecuado. Aquí en Basozelai tenemos el centro cívico que nos apoya muchísimo en cuanto al ocio, tenemos parques, monte aquí al lado, nuestra escuela de referencia, Gaztelu, está a dos pasos… Es casi un entorno ideal, ¡si no fuese por las cuestas [jajaja]!

El ruido es algo común cuando hay pequeños en casa, pero vosotros tenéis once y estáis en bloque de viviendas. ¿Qué dicen los vecinos? Pues va por temporadas [jajaja]. En general, son muy comprensivos y estamos muy contentos con los vecinos. Entienden las circunstancias específicas en las que vivimos y que tenemos temporadas más revoltosas y menos. Ahora tenemos muchos pequeños y son muy ruidosos, pero no a deshoras que es lo importante. A los vecinos solo podemos agradecerles el apoyo, la comprensión y la paciencia que tienen con nosotros.

¿Puedes contarnos alguna experiencia que te haya marcado como educador en este u otro centro? Recuerdo un caso de hace muy poco que ha salido muy bien, con un proceso de acogida y una adaptación estupenda, que te recuerda que las cosas a veces salen bien.

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