Basauri

Gabriel Hernández: “A quien manda le asusta poner normas, pero debemos fomentar el ecologismo social en Basauri”

Gabriel Hernández, portavoz de Sagarrak Talde Ekologista // Cedida

El calentamiento global, la contaminación o el uso desmesurado del plástico son solo algunas de las preocupaciones que inquietan a muchos vecinos basauritarras y que les lleva a hacerse una pregunta: ¿Es Basauri un pueblo sostenible? Con esa duda rondándonos la cabeza, nos reunimos con Gabriel Hernández (Salamanca, 1958), portavoz de Sagarrak Talde Ekologista, asociación nacida en 1983 gracias al movimiento antinuclear, para conocer su historia y las actividades que lleva a cabo actualmente esta asociación con más de 37 años a sus espaldas. Como él mismo nos adelanta, “en Basauri se han hecho muchas cosas, pero es necesaria más participación por parte de los vecinos”.

Sagarrak cuenta en su historia con muchos años de actividades y de movimientos sociales en el pueblo. Sagarrak, que se encuentra dentro de Ekologistak Martxan , surgió gracias al movimiento contra la central nuclear de Lemoiz y, ahora, ha evolucionado hasta un activismo enfocado en el ecologismo social, la alimentación y la salud, buscando transcender del ámbito personal a lo social: vivir mejor pero no solo para uno mismo, sino para todos los conciudadanos y poner alternativas a los problemas actuales para lograr una sociedad mejor. Nos centramos en un enfoque humanista del medio ambiente y luchamos por la conservación de los espacios naturales, revertir los procesos contaminantes y preservar el planeta para las generaciones futuras. Nuestro objetivo es pervivir y seguir con nuestro esfuerzo de voluntariado.

En 2018 el movimiento ecologista logro por fin implantar el quinto contenedor en el pueblo, ¿qué más acciones habéis llevado a cabo? Con el contenedor marrón nos costó lograr respaldo de la Diputación porque ellos partían de la premisa de que todo debía tener un beneficio económico. Pero nosotros queríamos que todos nuestros residuos pudieran tener una segunda vida y, finalmente, en 2018 esta medida se extendió a todo el municipio. Otra de las actividades más exitosas han sido la de la recuperación del bosque autóctono que hemos llevado a cabo junto a la asociación Lurgaia con campañas de reforestación en la ladera del Malmasín, a las que se unieron más de 150 personas, y las plantaciones de arbusto autóctono que estamos llevando a cabo en el barrio El Kalero.

La medida de reducción de la velocidad dentro del casco urbano a 30 Km/h de 2015 también fue impulsada por nosotros gracias a la recogida de 2.000 firmas. Lo consideramos un éxito a pesar de no haber reducido el número de incidentes, que siguen siendo una media de veinte atropellos anuales. Aún así, en la asociación nos centramos mayoritariamente en la labor educativa sacando adelante campañas anuales por un consumo responsable y de educación ambiental, tanto con los centros escolares como con diferentes acciones, como la campaña “Basauriko arbolak ezagutzen dituzu?- ¿Conoces los árboles de Basauri?”. También realizamos actividades educativas como “El paseo de Jean Jacobs” en primavera, llamado así en honor a la activista americana Jane Jacobs. Durante un día realizamos paseos por los diferentes barrios de Basauri para ver cómo a evolucionado el lugar a través de las personas que viven ahí, siempre acompañados del arqueólogo basauritarra Jose Manuel Matés Luque.

Y todos los años, a finales de septiembre organizamos ‘Park(ing) Day’, coincidiendo con la semana europea de la movilidad. En esta performance educativa nos apoderamos temporalmente del lugar que ocupa el coche aparcado en la ciudad y hacemos actividades: Yoga, un concierto de música, jardinería… Así concienciamos a la gente del sitio que ocupa el coche en nuestras vidas y recuperamos algo de espacio público con el fin de reivindicar un modelo de ciudad centrado en las personas y en el medio ambiente.

Una de las actividades del ‘Park(ing) Day’ organizado por Sagarrak talde ekologista // Cedida

¿Consideráis desde vuestra asociación el ecologismo como uno de los pilares más importantes para la gestión de un pueblo? El sentimiento ecológico es colectivo y mucha gente coincide con nosotros, pero la participación no es tan alta. Aún así, la gente que recicla lo hace por convencimiento y esto es gracias a la labor educativa que ha realizado el movimiento ecologista. Vivimos en un mundo para otras personas y tenemos que cuidarlo. Los jóvenes reivindican su futuro y la necesidad de cuidar el planeta, que es nuestra casa. Se han cometido muchos errores y ahora es el momento de actuar, algo que, dese el movimiento ecologista, llevamos diciendo muchos años.

Sagarrak es una asociación con muchos años de experiencia y muchos seguidores… Llegamos a movilizar unos 200 socios, pero los gestores somos una docena. Dentro de los asociados hay mucha variedad: gente que solo aporta una cuota económica y otros que participan en las actividades que se organizan. A la gente siempre le cuesta un poco dar el paso a colaborar de una forma más estrecha.

¿Consideráis Basauri un pueblo sostenible? Me resulta difícil contestar. Hemos hecho cosas importantes y todavía quedan por hacer.

Gran parte los vecinos y vecinas tienen muchas inquietudes con respecto a la limpieza y la contaminación del pueblo, ¿cuáles son las mayores preocupaciones que os traen los y las basauritarras? La preocupación general tiene que ver con el respeto al arbolado urbano. Muchas obras acaban con los árboles y la gente que ha vivido su infancia viendo un determinado árbol sufre cuando este desaparece. También preocupa mucho la alimentación.

Gabriel Hernández: "A quien manda le asusta poner normas pero debemos fomentar el ecologismo social"

Vecinos de Basauri plantando arbustos / Cedida

Desde vuestra asociación reivindicáis varios cambios para Basauri centrándoos casi siempre en la labor medio ambiental que tiene que fomentar el consistorio. Ahora buscamos que el quinto contenedor tenga una mayor participación y que ninguna materia orgánica acabe en la incineradora. Actualmente participan 4.682 familias basauritarras, el 28% del total, y en 2019 recogimos unas 312 toneladas de residuo orgánico. Aun así no es suficiente y, para fomentar su uso, buscamos que se realicen campañas de concienciación por parte del Ayuntamiento ya que consideramos que es algo que deben impulsar las instituciones y hasta ahora solo hacen movimientos simbólicos. El consistorio también debería facilitar a las familias el uso de bolsas reutilizables y concienciar para disminuir el consumo de plástico. Por poner un ejemplo, en fiestas se aprobó el uso del vaso reutilizable, pero, a la hora de la verdad, no se implantó. A quien manda le asusta poner normas, pero se pueden impulsar diferentes iniciativas de las grandes ciudades, como, por ejemplo, la reducción de la circulación en los centros urbanos para evitar la mayoría de los contaminantes que respiramos.

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