Entrevistas

Ianire Doistua: «Creo que, mientras exista la especie humana, también lo harán los libros»

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La basauritarra debuta en la novela con 'Una casa de verdad' / Ilde Sandrín

Escritora, publicista, profesora de escritura creativa… La basauritarra Ianire Doistua (Bilbao, 1980) acaba de debutar en la novela con ‘Una casa de verdad’ (Tres hermanas), que ya ha alcanzado la segunda edición. El libro narra la el momento en que Ernest, el protagonista, busca construir una nueva realidad tras la muerte de su padre en la casa que hereda. Sin embargo, la nueva vida no es tan idílica: la sombra de su padre, la incomprensión con su madre y esposa y la reaparición de un nuevo amor, harán que nada sea fácil.

Basauritarra pero residente en Madrid. ¿Qué es lo que más echas de menos? Me marché a los veinte años a estudiar a Madrid, yo vivía en Basozelai. Siempre que vuelvo a Basauri procuro darme un vuelta por mi zona, porque aunque cada vez lo encuentro más cambiado, sigue despertándome esa sensación de encontrarme en casa. Lo que más echo de menos es mi familia y el verde. Al principio, cuando llegué a Madrid, había algo que me hacía sentir extraña y que no lograba identificar. En uno de mis regresos a Basauri, me di cuenta de lo que era: en Madrid, por mucho que caminara, nunca llegaba a divisar el verde entre los edificios.

Debutas con ‘Una casa de verdad’ y has agotado ya una primera edición. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura de este libro? El proceso de escritura ha sido largo, con muchas revisiones y reescrituras. Además, me gusta dejar dormir los textos antes de retomarlos para identificar mejor qué funciona y qué no, y eso siempre ralentiza.

El primer borrador de la novela, por ejemplo, lo entregué en 2016 como trabajo final del Máster de Narrativa que cursé en la Escuela de Escritores, donde tuve la suerte de recibir consejos muy atinados por parte de grandes escritores y profesores como Ignacio Ferrando o Javier Sagarna, así como de mis compañeros de clase, que fueron y siguen siendo un gran apoyo. Después de aquello, lo dejé reposar unos cuantos meses y la reescribí casi en su totalidad. Más tarde, la di a leer a varios lectores cero y volví a revisarla. Desde entonces, la he revisado tantas veces que he perdido la cuenta. De hecho, me alegro de que ya esté publicada para evitar la tentación de cambiar nada más.

¿Cómo te sientes con el resultado y la respuesta de los lectores? Estoy muy contenta porque siento que he dado lo mejor de mí. Lo que no esperaba es que fuera a tener tan buena acogida, estoy muy sorprendida. Cuando me llamó Cristina Pineda, editora de Tres Hermanas, para decirme que se había agotado la primera edición en menos de una semana, no daba crédito.

En la novela abordas cómo se siente el protagonista hombre ante el empoderamiento de las mujeres de su alrededor. ¿Veremos a medio plazo ‘nuevos hombres’ gracias a los cambios de las mujeres? Eso espero. Ernest representa a ese tipo de hombre que se resiste a aceptar que los tiempos están cambiando y eso le acarrea muchos dolores de cabeza. Ernest, al igual que muchos hombres, sería más feliz siendo un poco más feminista. Los más inteligentes se adaptarán a lo inevitable, pero supongo que siempre habrá quien prefiera seguir anclado al pasado por rancio que sea y por mucho que esto le haga sufrir, pues, muy a su pesar, nosotras no vamos a dejar de dar pasos al frente.

Y además, un hombre marcado por recuerdos familiares complicados. ¿Es más difícil de lo pensamos deshacernos de nuestro pasado? Si, en lugar de enfrentarnos a nuestras heridas para sanarlas, nos dedicamos a echar tierra encima y a mirar a otro lado, como si nada hubiera ocurrido, desde luego que lo creo. Esto ocurre especialmente con ciertos patrones familiares, pues no es extraño que, de pronto, un día nos sorprendamos repitiendo justo aquellas conductas que menos nos gustaron de nuestros antecesores, incluso las que más daño nos hicieron. Por eso considero importante analizar e identificar esas grietas que debemos sanar para que dejen de emanar dolor de una vez por todas. Además, de paso, así evitaremos transferir estos patrones a las próximas generaciones.

Escritora, publicista… ¿Crees que el trabajo publicitario y el proceso de escritura están relacionados? Mucho. De hecho, como soy redactora, o copywriter como está de moda llamarlo ahora, trabajo creando historias, definiendo mensajes, jugando con el lenguaje, etc. Asimismo, en publicidad, el tiempo es muy limitado: veinte segundos para un anuncio de tele o una cuña de radio, una frase contundente para un titular de prensa, un mensaje que enganche en el punto de venta, etc. Esto me ha ayudado a ser concisa y precisa en la prosa.

Con todo, en la escritura siento que desarrollo mucho más mi creatividad, pues estoy libre de cualquier consigna comercial y del criterio de otras personas que, en ocasiones, puede que sean muy buenas en números o como relaciones públicas, pero no tienen muchas nociones creativas. Digamos que los encargos de publicidad son sudokus que hay resolver con ideas y palabras, mientras que la escritura es esa hoja en blanco donde puedo moverme y crear con libertad.

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Ianire Doistua / Ilde Sandrín

Además, eres profesora de escritura creativa Escuela de Escritores de Madrid.  ¿Todos podríamos escribir un buen libro?Un buen profesor dijo un día que para ser escritor se necesitan dos cosas: mirada y técnica. La técnica la puede aprender casi todo el mundo con mayor o menor destreza, pero es la mirada la que va a dar vida al texto, la que determinará si el texto es un mero ejercicio o, por si el contrario, es una obra literaria con latido propio. Por suerte, la mirada también se puede educar, pero dependerá, en gran parte, de la sensibilidad de cada cual.

También influye mucho la capacidad de trabajo y la constancia, puesto que puedes tener una gran idea, pero si te conformas con el primer borrador, es muy probable que ese texto no llegue a ningún puerto. Hay mucha idea romántica sobre la figura del escritor que no corresponde para nada con la real, que no es otra que la de sentarse en el escritorio y teclear sin parar.

En las escuelas de escritura como la Escuela de Escritores, hacen un gran trabajo en este sentido, ya que no se conforman con enseñar la técnica, sino que también cuidan y potencian la mirada particular de cada alumno y alumna, y esto es esencial. Por eso, cuando alguien me dice que quiere empezar a escribir, yo le animo a que se apunte a algún taller, pues allí descubrirá si eso es realmente lo que le gusta.

¿Qué escritores y escritoras te han marcado más a lo largo de tu vida? Son tantos y tantas que me cuesta elegir, pero voy allá voy: Virginia Woolf, Natalia Ginzburg, Tolstoi, Cortázar, Miranda July, Anne Carson, Toni Morrison, Ada Salas, Bradbury, Beckett, Claire Vaye Watkins… Es difícil parar de dar nombres, pues creo que todas las lecturas (incluso las que no me han gustado) me han dejado algún poso y, de alguna forma, han ido conformando la escritora que soy (y también la que no).

Las ventas de libros han subido un 25% respecto a 2020. ¿Estamos ante una nueva era después de años de caídas? No sé si será una nueva era, pero lo que sí sé es que desde que se inventaron los libros, nada ha podido con ellos. Han superado incendios, censuras, fascismos, innovaciones tecnológicas… Quizá suene muy idealista, pero creo que, mientras exista la especie humana, también lo harán los libros.

Ahora que se acaba el año y que hay listas de los mejores libros en todos los medios… ¿cuáles serían tus tres recomendaciones de 2021? De lo que he leído y que se haya publicado en 2021, recomiendo Ha pasado un minuto y queda una vida, de Gabriela Consuegra, Los últimos románticos, de Txani Rodríguez (Premio Euskadi 2021) y Tejiendo sueños, de Patti Smith.

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