Basauri

La tecnología y el idioma, principales barreras de las mujeres migrantes de Basauri durante la pandemia

Mujeres en la Diversidad retomó sus talleres en junio tras el Estado de Alarma / Cedida

Hace ya más de 7 de meses que la crisis del coronavirus se coló en nuestras vidas y todos, de una manera u otra, hemos sufrido sus consecuencias. Sin embargo, como ocurre en todas las crisis, hay sectores que por su vulnerabilidad previa han vivido y viven la situación con mucha más crudeza. Eso lo saben muy bien en Mujeres en la Diversidad, la asociación basauritarra nacida en 2007 ubicada en la calle Axular, 28 y que desde que se decretó el Estado de Alarma tuvo que redoblar y triplicar sus esfuerzos para que las barreras tecnológicas o del idioma no aislaran aún más a las mujeres migrantes.

INGRESOS CERO

Las primeras semanas, de incertidumbre, miedo y desconcierto para todos, las mujeres migrantes sufrieron sobre todo la pérdida del empleo. O la obligación de acudir al mismo, “sin ningún tipo de medidas de protección, con todas las dudas que teníamos en marzo sobre las formas de contagio”, explican. Como muchas de ellas se ven abocadas a trabajos precarios, casi siempre en el ámbito doméstico, y sin garantías, la pérdida del empleo suponía quedarse en ingresos cero. “Por eso, al principio tuvimos una demanda brutal de apoyo para encarar el pago de los alquileres”.

Había personas que no cumplían algunos de los requisitos de las ayudas sociales (por ejemplo, llevar menos de 6 meses empadronado en Basauri), por lo que Mujeres en la Diversidad centró en esos casos sus esfuerzos. “No se trata de duplicar la inmensa labor de los Servicios Sociales, simplemente queríamos ayudar a los que se quedaban fuera por un motivo u otro”, recalcan. Así, se unieron a una caja de resistencia puesta en marcha en Bilbao, de la que recibieron 2.000 euros con los que afrontaron el pago de alquileres -directamente al propietario- de 5 o 6 familias.

BARRERAS TECNOLÓGICAS

Otro de los ejes de acción más destacados durante las primeras semanas fue subsanar la falta de equipamiento tecnológico para que los niños siguieran las clases desde casa. “Los colegios fueron rápidos y fueron llegando los equipamientos por los recursos puestos en marcha por el Gobierno vasco”, detallan. No obstante, mientras llegaban, desde la Asociación repartieron alguna tablet y pagaron la conexión de Internet a las familias que lo demandaran. “Hacíamos seguimiento y acompañamiento a las familias que tenían la dificultad del idioma, para que se pudieran comunicar con los colegios de sus hijos”, precisan. La intermediación con los Servicios Sociales de Basauri, para superar la barrera del idioma, también fue clave dentro de la labor de Mujeres en la Diversidad.

En la zona cero euros se pueden encontrar objetos de segunda mano / Cedida

“Fuimos resolviendo todo lo que surgía. Además del problema de los alquileres, la falta de ingresos provocaba que no tuvieran ni para comer o para adquirir productos de higiene básica”, explican. El Ayuntamiento de Basauri y Cruz Roja repartieron lotes de productos entre las familias derivadas de los servicios sociales de base. Desde la Asociación repartieron varios kits de higiene, que incluían compresas, desodorante, gel o champú y que compraron en el comercio local. Después del primer momento de ‘caos’ y a día de hoy, Mujeres en la Diversidad, financiada por la Diputación Foral de Bizkaia, el Ayuntamiento de Basauri y Emakunde, sigue su labor de ayudar a las personas que lo necesiten a la hora de rellenar documentos o cuestiones similares, además de “asesorar en cualquier ámbito a cualquier persona” como hacen desde su nacimiento hace 13 años.

TALLERES Y ASESORAMIENTO

Desde junio, cuando se levantó el Estado de Alarma, retomaron los talleres y las numerosas actividades que desarrollan a lo largo del año, que “están abiertas a todo el mundo”, recalcan. Así, tres días a la semana se pone en marcha el grupo Kandaka Arte y Creación, de costura básica y en el que ahora se han centrado en la confección de mascarillas. Dos veces por semana se dedican al refuerzo del castellano y  los martes imparten un taller de smartphone. Una de las iniciativas más exitosas es la denominada ‘zona cero euros’, con ropa de segunda mano, juguetes o cualquier otro objeto. Toda una red de solidaridad y acompañamiento que cuenta con 153 mujeres voluntarias y que además ofrece “vínculos y mecanismos de relación” para el que lo necesite.

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