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Lorena Fernández: “Las mujeres han hecho grandes aportaciones a la ciencia pero han sido invisibilizadas”

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Lorena impulsa diferentes proyectos para divulgar los logros de las mujeres científicas / Cedida

Muchas de los inventos y tecnologías que han llegado para facilitar nuestra vida, como el WiFi, el bluetooth o el lavavajillas, partieron de los descubrimientos científicos de mujeres invisibilizadas por la historia. La ingeniera informática Lorena Fernández (Basauri,1982) lo sabe muy bien y por eso utiliza todas las herramientas a su alcance para divulgar los grandes logros de las mujeres que nos precedieron. Directora de identidad digital de la Universidad de Deusto, participa en diferentes foros de divulgación científica. Desde 2019 es miembro del grupo experto de la Comisión Europea para actualizar y expandir las innovaciones y descubrimientos con perspectiva de género en ciencia y tecnología. En mayo lanzará el juego de mesa Nobel Run para mostrar cómo es la carrera científica y las aportaciones de grandes mujeres a lo largo de la historia.

Hace unos días se celebraba el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia. Desde tus redes y con diferentes proyectos impulsas el conocimiento sobre las mujeres científicas. Llevo años trabajando para visibilizar el papel de mujeres que han hecho grandes contribuciones a la ciencia pero que han sufrido el “superpoder” de la invisibilidad. Aportaciones que usamos a diario y que muchas veces no sabemos quiénes estuvieron tras ellas o que, incluso, tuvieron que pasar los años para que se reconociera su autoría.

Por poner un ejemplo (aunque hay cientos de ellos), os cuento la historia de Marthe Gautier, que fue despojada del mérito de haber descubierto la causa del síndrome de Down porque Jérome Lejeune se apropió de su trabajo y asumió la paternidad única del hallazgo. Nuestra protagonista pidió incluso un préstamo personal para comprar material de laboratorio y usó suero de su propia sangre como nutriente de cultivos de células. Eso le sirvió para comprobar primero que las células humanas tenían 46 cromosomas y no 48 como se creía para finalmente descubrir que las células de las personas afectadas por el síndrome de Down tenían 47, y que ese cromosoma adicional era la causa del padecimiento.

Aparece entonces en nuestra historia Jérôme Lejeune. Enterado de los hallazgos de Gautier, le pide datos. Ella le dice que no cuenta con equipo para fotografiar cultivos de células y confirmar la presencia del cromosoma extra. Él se ofrece a hacerlo, le pide las placas con los cultivos y le roba la idea. Al poco tiempo aparece una publicación en la que Lejeune se atribuye el descubrimiento, y aunque mencionaba a Gautier, la pone como simple miembro de su equipo, y para colmo, con su nombre mal escrito.

Un calendario de efemérides es una de las iniciativas que has impulsado para visibilizar otros muchos casos de este tipo. Sí, historias como la de Marthe Gautier están recogidas en un calendario que he lanzado de libre consulta con efemérides de mujeres en ámbitos STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics). Se pueden recorrer todos los días del año para buscar con qué gran científica o con qué hito coincide, por ejemplo, nuestra fecha de nacimiento. Lo pensé precisamente para poder trabajar en los centros escolares con niñas y niños o en las propias familias.

Próximamente también lanzarás un juego de mesa. El otro proyecto que está en el horno y verá la luz en mayo será un juego de mesa: Nobel Run. Junto a Pablo Garaizar, que ha trabajado toda la mecánica e Iñigo Maestro que lo ha ilustrado, plantearemos un juego de cartas con el que gestionarás un equipo de investigación y grandes científicas e inventoras te ayudarán. La idea es que, de manera lúdica y divertida, puedas ver qué cosas intervienen en esa carrera científica y además, conozcas el papel de esas mujeres.

Por ejemplo, habrá una carta de Rosalind Franklin, que participó en el descubrimiento de la estructura del ADN pero el Nobel se lo llevaron Francis Crick y James Watson. A espaldas de Rosalind, le habían enseñado a Watson las fotos decisivas que ella había obtenido y cuyos resultados aún no había publicado. Esto hará que la carta de Franklin te sirva para robar datos al contrincante igual que le hicieron a ella.

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En mayo lanzará el juego de mesa Nobel Run / Cedida

NOMBRES OLVIDADOS

¿Qué ejemplos de logros destacados de mujeres podríamos explicar para que el público vea su importancia a pesar del desconocimiento? Desde cosas que usamos a diario como el WiFi o el bluetooth (Hedy Lamarr), el GPS (Gladys Mae West), el limpiaparabrisas (Mary Anderson), el lavavajillas (Josephine Garis Cochrane)… a aportaciones de gran calado como la primera persona programadora de la historia (Ada Lovelace), la radiactividad (Marie Skłodowska-Curie) o cosas más recientes como una técnica de edición genética que se ha descrito como el avance científico más importante del último siglo llevado a cabo por Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier (recibieron por ello el Premio Nobel de Química de 2020). En el calendario de mujeres STEM tenemos más de 650 efemérides cargadas.

¿Cómo y cuando surgió tu interés por esa labor invisible y cómo has investigado?Todo empezó cuando descubrí la historia de las programadoras de la máquina ENIAC. Como ingeniera informática, esa máquina es todo un hito al ser una de las primeras computadoras de propósito general que se puso en marcha allá por 1946. Nos llegaron numerosas fotografías de ese mastodonte que pesaba 27 toneladas y ocupaba una habitación entera. En ellas aparecían hombres y mujeres. Sin embargo, solo figuraban los nombres de ellos. Por eso, durante muchos años se consideró que esas mujeres eran “refrigerator ladies” o dicho de otra manera, mujeres florero de adorno.

No fue hasta los años 80 que la investigadora Kathy Kleiman descubrió que esas seis mujeres que aparecían en las fotos habían sido nada más y nada menos que las programadoras de la máquina: Frances “Betty” Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen “Kay” McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence. Habían sido reclutadas por el ejército durante la Segunda Guerra Mundial por sus habilidades matemáticas. Comenzaron calculando a mano las trayectorias balísticas (de ahí su nombre como “calculadoras”) y terminaron programando ENIAC en una época en la que no había ni lenguajes de programación, ni manuales, ni compiladores, ni sistemas operativos.

¿Por qué crees que son tan desconocidos los logros de muchas mujeres a lo largo de la historia? Porque durante muchos años no estaba bien visto que las mujeres tuvieran educación y, aún menos, protagonismo. De hecho, estaba prohibido su acceso al sistema educativo. Hay algún ejemplo que lo ilustra muy bien, como el de la astrónoma alemana Maria Winkelmann, que descubrió el “Cometa de 1702”. Fue el primero en ser descubierto por una mujer. Su marido también era astrónomo y sentía vergüenza de explicar a sus colegas científicos de que un hallazgo de tal calibre lo hubiera hecho su mujer. Por ello, desde el primer momento, se atribuyó el mérito. Poco antes de morir, confesó la verdad.

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Lorena participa en diferentes foros de divulgación científica / Cedida

¿Y qué otros grandes hitos están consiguiendo ahora las mujeres científicas que también están pasando desapercibidos? Cada vez tenemos mayor visibilidad. Por ejemplo, en el último hito científico del amartizaje del rover Perseverance en Marte, dos mujeres fueron protagonistas y narradoras en primera persona: las ingenieras Diana Trujillo y Swati Mohan. Muchas otras han participado en el proyecto (geólogas, físicas, ingenieras). Como Katie Stack Morgan, Moo Stricker, Heather Bottom, Michelle Tomey Colizzi… Pero el gran reto ahora viene en la baja matriculación en carreras científico-técnicas, lo que puede hacer que desaparezcamos de nuevo.

Como directora de identidad digital de la Universidad de Deusto. ¿Qué crees que pueden hacer las instituciones educativas para impulsar el interés científico de las mujeres? Como hay muchos agujeros por los que perdemos el talento femenino en diferentes edades vitales, toca idear parches para todos ellos. Desde Deusto, por ejemplo, tenemos un proyecto destinado a centros escolares  llamado Inspira STEAM. Se trata de acercar mujeres científicas y tecnólogas a las aulas para que trabajen qué son las áreas STEM, estereotipos, mujeres científicas relevantes de la historia y de la actualidad, experimentos, etc. Todo con un doble objetivo: que esas mujeres se conviertan en referentes cercanos en los que niñas y niños puedan mirarse y que se establezca una relación de confianza para que afloren sesgos que se han construido socialmente. Yo, por ejemplo, he sido mentora en mi antiguo instituto de Urbi.

EL FUTURO DE LA MUJER EN LA CIENCIA

¿Crees que en los últimos años se ha evolucionado en este sentido o todavía hay mucha distancia entre el número de mujeres y hombres en las carreras científicas? Los datos no son halagüeños. Por ejemplo, si miramos la evolución de alumnas matriculadas en informática en España de 1985 a 2019 comprobamos que en el primer año del que se tienen datos (curso 1985-86) se matricularon 30,12% de mujeres. En el 2018-19 la cosa ya había caído al 13,17%. Pero soy siempre positiva y creo que cada vez hay más personas que estamos trabajando en ello.

¿Y cómo ves el futuro de la mujer en la ciencia? ¿Cuáles crees que serán los hitos que consigamos en el medio plazo? Veo un futuro brillante, inclusivo, diverso y con una mirada interseccional. Pero ojo, además de preocuparnos por dar a las mujeres el papel que merecen en el ámbito científico y tecnológico, también tenemos que prestigiar la labor de los cuidados y todas aquellas prácticas no remuneradas que realizan principalmente las mujeres. Ha tenido que venir una pandemia global como la del COVID-19 para poner de manifiesto algo que ya sabíamos desde el feminismo. Y es que nuestro mundo no se sostiene sin los cuidados.

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